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Genesis del proyecto


“En un mundo en marcha, el que no avanza retrocede”

Esta es una premisa que marca cualquier disciplina que rodea a la vida moderna. En la evolución está el cambio, y con él, el progreso.

Nuestra educación se basa en una repetición sistemática de lo que hemos aprendido. Tanto en  la didáctica como en el arte, siempre se han establecido unas estrategias de manipulación, de esta forma se logra que no pensemos. Y a su vez, poco a poco,  crece la necesidad de  romper las dinámicas ridículas que nos sostienen, para poder ir más allá.

Por lo que el arte, desde sus orígenes hasta hoy podría considerarse como un precedente de lo que es obvio, la integración del mismo con el vivir diario, y la lucha constante contra la norma.

Centrado entonces en el individuo, se trata de sacar el monstruo que se lleva dentro, la lucha de la razón contra lo inconsciente.

En el conflicto entre lo reflexivo y lo racional, el inconsciente colectivo se fija en los pequeños cambios que el individuo, como unidad básica de cualquier grupo social, hace en el mismo.

Es por esto que se generan dos vías de trabajo, dos ramificaciones del mismo proyecto “mudar”: la personal y la social, que aunque relacionadas, se conciben de manera diferente.

Este proyecto se engloba dentro de la vía personal. Una manera más espiritual, testimonial y romántica, con procesos efímeros. Es un viaje que todos podemos realizar, donde se junta el instinto con la sexualidad más performativa y primitiva, a modo de rito ancestral, del que perdura un objeto fetiche.  

En este caso, como fisicalización de una acción, donde lo importante es el proceso y no tanto el residuo o la documentación.

”… mi trabajo, se convierte precisamente en una extensión de mi vivir, de mi pensar, de mi actuar.”
G. Anselmo, 1969




 

Reflexiones personales


Jean Moréas escribió en el manifiesto simbolista: “el arte debe apuntar a capturar las verdades más absolutas, las cuales sólo podrán ser obtenidas por métodos indirectos y ambiguos”.

Mudar  nace como una idea romántica, que busca una ruptura con lo social y la manera de sentir y concebir la naturaleza como un medio de escape, un violento choque de la realidad con la ilusión, una vuelta a los valores más primitivos.

El cubo, como elemento puramente esencial, de reducción y síntesis, aparece en la obra extraído de la naturaleza, la representación de la unidad mínima (dentro de la teoría minimalista), mostrada al espectador y el espacio que ha abandonado con su marcha.

Ello establece una clara contraposición de sensaciones. Se extirpa a la naturaleza una parte activa y cálida de su estructura, para poner en su lugar a un individuo construyendo un espacio pulcro y limpio, totalmente aséptico. Un territorio que te expulsa pese a haber sido erigido desde dentro.

El lugar que ocupaba, el ahora exento extracto de tierra, emana luz y su superficie ha cambiado. La textura y los reflejos presentan la naturaleza ideal.

Hay un cambio de estado, lo que antes estaba protegido, ahora esta expuesto, ha tornado a frágil y su final como forma controlada es inminente. La acción del hombre, la unidad mínima de la sociedad, ha generado una sensación de libertad auténtica. Con el pretendido anhelo de reencuentro, y ocupando un lugar al que primitivamente se  pertenece, turba la idea de no acomodarse en ese espacio como la sociedad dicta.



Datos técnicos


En primer lugar, hemos construido un encofrado con cuatro maderas de aglomerado de 100 x 100 cm, a modo que quedase en su interior un volumen equivalente a 1 m3. Este encofrado se sustenta por medio de tornillos y una cinta.

Se ha realizado una extracción de 1 m3 ,de tierra con ayuda de utensilios como palas, hazada, pico, piqueta y cubos de llenado

La tierra extraida en la excavación se ha ido depositando en el interior del encofrado hasta lograr completar el volumen. Cada 15 cm de altura y antes de llenar una nueva capa, hemos compactado con nuestro peso y la ayuda de una madera toda la superficie.

Una vez conseguida la abertura e la tierra, alicatamos el interior del mismo con azulejos blancos de   30 x 20 cm y cemento-cola.

Tras haber acabado, hemos cubierto la zona y la parte superior del cubo exento con la vegetación autóctona.

Y como culminación, retiramos el encofrado para dejar al descubierto la tierra.